El país donde florece el limonero, Helena Attlee

Helena Attlee_El pais donde florece el limoneroHablamos de Italia. Y de limones, naranjas, cidras, toronjas, pomelos y mandarinas. Los cítricos pueden explicar muchas historias del país. Por ejemplo, todo en Sicilia, incluida la mafia, se pueda explicar a partir del negocio de los limones. O en Calabria reciben cada año a comerciantes judíos ortodoxos que van a seleccionar ejemplares de cidra como si fuera atún rojo. O si visitas el lago Maiore encuentras por todas partes grandes estructuras de madera que no se te ocurre imaginar que fueron invernaderos para el cultivo de limones en invierno.

Pero también hay en Florencia un museo con un departamento dedicado exclusivamente a replicar en cera moldes de ejemplares exóticos de cítricos que los Medicci, entre otros muchos, coleccionaron con pasión durante décadas. Es lo más antisistema que he escuchado en mucho tiempo. Y la señora Attlee, que se ha dedicado toda la vida al turismo de jardines y a probar delicias como los chinotti o la tarta de bergamota, lleva esa excentricidad británica a todos los rincones del país donde se ha cultivado alguna vez un cítrico. A mí me ha reconciliado incluso con el limoncello, no digo más.

Recuerdo cuando los vuelos eran tan caros que la gente solía hacer el largo viaje de Inglaterra a Italia en barco y tren. En cuanto llegabas a París las cosas mejoraban, porque allí era posible tomar el Palatino, un coche cama nocturno que iba a Roma, con parada en Florencia, en el que uno podía dormir durante todo el trayecto. La primera vez que hice ese viaje fue hace treinta y cinco años. Al amancer levanté una esquina de la cortinilla de la sofocante litera y me di cuenta de que ya habíamos atravesado la frontera. Estábamos en la Riviera italiana, en algún lugar cerca de Ventimiglia, y crecían limones junto al andén de la estación. Las oscuras hojas y los brillantes frutos de los árboles destacaban contra el telón de fondo del mar. Nunca he olvidado aquellos árboles ni la manera en que transformaban el paisaje a su alrededor; un paisaje que resultaba intensamente extraño a mi mirada genuinamente inglesa.

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