Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, Michael Chabon

Las asombrosas aventuras de Kavalier y ClayHace tres meses que leí esta novela y varios meses más que me la había recomendado Sara. Habría sido una excelente sugerencia de lectura de verano para este blog pero se me pasó el arroz de castaño a oscuro. El hecho es que la novela, aparte de que formalmente es impecable y no recuerdo ni un solo pasaje que se hiciera pesado o demasiado frívolo, es genuinamente entretenida. Tenemos a dos jóvenes creativos y ambiciosos con madera de perdedores en la época en que la industria del cómic empieza a crecer a la sombra de Superman. Viven en Nueva York y pegan el bombazo con un héroe de su creación: El Escapista. El gran acierto técnico de Chabon: esa forma deliberada de contar una historia de ficción que la hace parecer una crónica de una historia real inesperada y compleja que además te habría encantado que ocurriera.

La historia empieza así:

Muchos años más tarde, cuando hablara con un entrevistador o con un público compuesto por fans maduros en una convención de cómics, a Sam Clay le gustaría explicar, a propósito de la creación más importante de la que era autor junto con Joe Kavalier, que cuando era un chaval encerrado y atado de pies y manos en aquel tanque hermético que era Blooklyn, Nueva York, a menudo soñaba con Harry Houdini.

– Para mí, Clark Kent en una cabina de teléfono y Houdini en un cajón de embalaje eran lo mismo -explicaría con erudición en el WonderCon o en la Feria de Angoulema o al editor de Comics Journal-. La persona que salía no era la misma que entraba. El primer número de magia de Houdini, ya saben, cuando estaba empezando, se llamaba “Metamorfosis”. Nunca era una simple cuestión de escaparse. También era una transformación.

Lo cierto era que, de niño, Sammy solamente había tenido un interés casual, como máximo, en Harry Houdini y sus hazañas legendarias. Sus grandes héroes habían sido Nikola Tesla, Louis Pasteur y Jack London. Sin embargo, hablar del papel de Houdini -y de su imaginación- en el nacimiento del Escapista, como en todas sus mejores invenciones, resultaba verosímil. Los sueños de Sam siempre habían sido houdinianos: eran los sueños de una crisálida forcejeando a ciegas en su capullo, enloquecida por su anhelo de luz y de aire.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: