2666, Roberto Bolaño

2666, Roberto BolañoEn un viaje que hicimos por Islandia hace cuatro años, mientras el resto sucumbíamos rápido al sueño, mi amiga Bea prolongaba la jornada una o dos horas enganchada con una microluz a este libro como una lechuza a su rama en una noche con una sola estrella. Sin embargo, el primer día que mi compañero Juan, filósofo, diseñador, dj y gastrónomo, vio el novelaco sobre mi mesa de trabajo me dijo que era el mayor pestiño al que se había enfrentado en su vida. Así que de nuevo estamos, afortunadamente, ante un tema de grandes pasiones.

2666 se divide en cinco partes, conectadas e independientes. En los dos meses que he arrastrado sus mil cien páginas por mi vida me ha dado tiempo a reflexionar sobre lo que hacía. Y Bolaño ha despertado mi capacidad para madurar analogías. Me veía a mí mismo leyendo su libro como si fuera un ciclista que disfruta con el ritmo intenso del pedaleo en llano, vive el jolgorio de las bajadas y asume con resignación que todo lo anterior exige cada cierto tiempo una tediosa subida. La imagen del desierto también ha venido a mi mente con frecuencia. Sin duda porque buena parte de las historias se desarrollan en una ciudad del desierto norte de México. Pero me veía también como un expedicionario curtido que atraviesa con relativa comodidad una zona árida pero irrepetible, con ese tipo de sufrimiento que se puede sobrellevar y no impide disfrutar del paisaje y el ejercicio.

Como siempre, prefiero no destripar mucho más. Algo hay en la forma de escribir de Bolaño que me ha mantenido entretenido en parajes donde no había sombra. Para no dejarlo todo demasiado abstracto, diré que en las cinco partes hay espacio para un triángulo amoroso, para bastante thriller, para una historia marginal de la Segunda Guerra Mundial, para el sexo, para el desequilibrio mental, para mucho mexicano y para un número significativo de asesinatos.

Me gustaría poner un fragmento, pero como tiene cinco partes no he sido capaz de seleccionar ninguno que sea representativo del todo. Se me ocurre citar algo que uno de los editores (supongo) menciona en el apéndice y en lo que yo también había reparado porque es evidente que es un mensaje del autor sobre su propia labor: uno de los personajes de Bolaño reflexiona en un fragmento sobre la creación de las novelas. Y en su reflexión, a la altura de la página doscientos y pico, transmite la idea de que son preferibles las novelas imperfectas de los grandes autores a las novelas perfectas de los grandes autores. Es decir, que en las novelas perfectas, acabadas y redondas, los grandes autores arriesgan menos. Y la literatura está donde sí arriesgan y donde hay riesgo hay imperfección.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: