Interesante libro, a medio camino entre la novela y el reportaje, basado en hechos reales e inverosímiles, con el aliciente de un periodista que se tiene que novelar a sí mismo. La historia fue pública y supongo que puntualmente famosa: Un asesinato en un pueblo de la montaña catalana, a una caminata larga de la frontera con Andorra. Un litigio por la propiedad de un monte entre varias familias del pueblo de Tor, en el pirineo leridano, litigio que arrancó hace más de sesenta años y que se mantendrá hasta que mueran todos sus protagonistas, a pesar de las resoluciones judiciales. Un agujero negro en el Pirineo que atrajo a Carles Porta como el vacío atrae a la materia. Empieza así:
«Los meses de julio, en Tor, son trágicos.
Desde 1800, los hechos que han manchado de sangre la vida de este pueblo de trece casas del Pirineo de Lleida han ocurrido en julio.
A Josep Montané, Sansa, lo asesinaron un día de julio de 1995, pocos meses después de que le declararan propietario único de la montaña más disputada del Pirineo.
“No estaba muerto, ¡estaba podrido!” Así es como se expresaba una de las mujeres del pueblo, remarcando con el tono que una cosa es peor que la otra. Y es que ella se alegraba de que, además de muerto le hubieran encontrado podrido. Quien también se alegró de su muerte fue Jordi Ribas Segalàs, Palanca, el otro cacique del pueblo, con quien hacía medio siglo que se disputaba la montaña.»
