Matadero Cinco, Kurt Vonnegut

18 jul

Llevaba tiempo detrás de esta novelita y no me ha decepcionado. Otro autor con lenguaje propio, una historia sobre el bombardeo de la ciudad de Dresde en la Segunda Guerra Mundial, un hecho histórico. Un bombardeo por error del ejército de EE. UU. sobre una ciudad que no era un objetivo militar para nadie. No sé si los muertos se contaron por miles o millones, pero fue una masacre. Es la novela que Vonnegut se pasó años diciendo a todo el mundo que estaba escribiendo hasta que por fin la escribió. Es una novela divertida, teniendo en cuenta la historia que cuenta. Estoy evitando utilizar la palabra “absurda” porque no me parece suficiente. El primer capítulo empieza hablando de lo que Vonnegut vivió allí, y así lo copio, porque así empieza:

“Todo esto sucedió, más o menos. De todas formas, los partes de guerra son bastante más fieles a la realidad. Es cierto que un individuo al que conocí fue fusilado, en Dresde, por haber cogido una tetera que no era suya. Igualmente cierto es que otro individuo, al que conocí, había amenazado a sus enemigos personales con matarlos por medio de pistoleros alquilados. Y así sucesivamente. He cambiado los nombres de los personajes.

Es cierto que volví a Dresde, con dinero de Guggenheim (Dios le bendiga), en 1967. La ciudad se parecía un poco a Dayton, Ohio, aunque con muchos más espacios libres. Su suelo debía de contener toneladas de harina de huesos humanos.

Volví allí con un viejo camarada de la guerra, Bernarh V. O’Hara, y nos hicimos amigos del taxista que nos llevó hasta el matadero donde nos habían encerrado una noche como prisioneros de guerra. Su nombre era Gerhard Müller y nos dijo que había sido prisionero de los americanos durante algún tiempo. Le preguntamos qué tal se vivía bajo el comunismo, y él respondió que al principio era terrible -pues todo el mundo tenía que trabajar muchísimo, aparte de que no había cobijo ni alimentos ni ropas adecuadas-, pero que ahora las cosas estaban mucho mejor. Tenía un apartamento, pequeño aunque agradable, y su hija recibía una educación excelente. La madre quedó calcinada en el bombardeo de Dresde. Como suena.”

La ciudad ausente, Ricardo Piglia

11 jul

Esta novela he tenido que leerla dos veces, la primera como siempre y la segunda para comprobar que había comprendido por dónde había pasado. La estructura de la historia es compleja y está muy elaborada, la anécdota de la narración tiene las posibilidades a las que finalmente llega y Piglia tiene una forma de escribir propia, algo que es infrecuente. La historia se desarrolla en Buenos Aires en una época en que se intuye algún tipo de dictadura de fondo. En esa ciudad hay un periodista que sigue la pista de una máquina que es insólita porque escribe historias por sí misma y, contra toda lógica computacional, historias que son originales, como si la máquina fuera un autor vivo. Empieza así:

“Junior decía que le gustaba vivir en hoteles porque era hijo de ingleses. Cuando decía ingleses pensaba en los viajeros ingleses del siglo XIX, en los comerciantes y contrabandistas que abandonaban a sus familias y a sus conocidos para recorrer los territorios donde todavía no había llegado la revolución industrial. Solitarios y casi invisibles, habían inventado el periodismo moderno porque habían dejado atrás sus historias personales. Vivían en hoteles y escribían sus crónicas y mantenían relaciones sarcásticas con los gobernadores del lugar. Por eso cuando su mujer lo dejó y se fue a vivir con su hija a Barcelona, Junior vendió todo lo que le quedaba en la casa y se dedicó a viajar. Su hija tenía cuatro años, y Junior la extrañaba tanto que soñaba con ella todas las noches. La quería más de lo que había podido imaginar y pensaba que su hija era una versión de sí mismo. Ella era lo que él había sido pero viviendo como una mujer. Para escapar de esa imagen, dio dos veces la vuelta a la República, moviéndose en tren, en autos alquilados, en ómnibus provinciales. Paraba en pensiones, en edificios del Rotary Club, en la casa de los cónsules ingleses, y trataba de mirara todo con los ojos de un viajero del siglo XIX. Cuando la plata de lo que había vendido le empezó a escasear, se volvió a Buenos Aires y fue a buscar trabajo a El Mundo. Consiguió un puesto y aterrizó una tarde en el diario, con su cara de alucinado, y Emilio Renzi lo llevó a recorrer la redacción para que conociera a los otros prisioneros. A los dos meses era el hombre de confianza del director y estaba a cargo de las investigaciones especiales. Cuando se quisieron acorar, él solo controlaba todas las noticias de la máquina.”

Tor. La montaña maldita, Carles Porta

26 dic

Interesante libro, a medio camino entre la novela y el reportaje, basado en hechos reales e inverosímiles, con el aliciente de un periodista que se tiene que novelar a sí mismo. La historia fue pública y supongo que puntualmente famosa: Un asesinato en un pueblo de la montaña catalana, a una caminata larga de la frontera con Andorra. Un litigio por la propiedad de un monte entre varias familias del pueblo de Tor, en el pirineo leridano, litigio que arrancó hace más de sesenta años y que se mantendrá hasta que mueran todos sus protagonistas, a pesar de las resoluciones judiciales. Un agujero negro en el Pirineo que atrajo a Carles Porta como el vacío atrae a la materia. Empieza así:

«Los meses de julio, en Tor, son trágicos.

Desde 1800, los hechos que han manchado de sangre la vida de este pueblo de trece casas del Pirineo de Lleida han ocurrido en julio.

A Josep Montané, Sansa, lo asesinaron un día de julio de 1995, pocos meses después de que le declararan propietario único de la montaña más disputada del Pirineo.

“No estaba muerto, ¡estaba podrido!” Así es como se expresaba una de las mujeres del pueblo, remarcando con el tono que una cosa es peor que la otra. Y es que ella se alegraba de que, además de muerto le hubieran encontrado podrido. Quien también se alegró de su muerte fue Jordi Ribas Segalàs, Palanca, el otro cacique del pueblo, con quien hacía medio siglo que se disputaba la montaña.»

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Suite francesa, Irène Némirovsky

6 sep

Este libro lo leí hace meses y entonces no lo añadí a este blog, pero su recuerdo me persigue desde entonces y será por algo. Cuando lo empecé deseaba encontrarme una novela sobre la Primera Guerra Mundial, porque estoy cansado de ver pelis sobre la Segunda y la contraportada no especificaba o yo no me di cuenta. En ese sentido me decepcionó, porque de nuevo era sobre la Segunda. Pero la visión que da Némirovsky es distinta porque es la de la gente común, sin héroes particulares ni prácticamente muestras de violencia bélica. De las consecuencias de la guerra sobre personas anónimas de todas las clases, pero la perspectiva de la narración es tan elegante, tan precisa y tan poco melodramática que la hace más inmediata todavía. Cuenta cómo llega la guerra a París y cómo la gente sale de allí a refugiarse donde pueden. Empieza así. Pongo un buen fragmento un poco largo, pero es que me gustan mucho las últimas frases y no quiero mutilar nada:

Caliente, pensaban los parisinos. El aire de primavera. Era la noche en guerra, la alerta. Pero la noche pasaría, la guerra estaba lejos. Los que no dormían, los enfermos encogidos en sus camas, las madres con hijos en el frente, las enamoradas con ojos ajados por las lágrimas, oían el primer jadeo de la sirena. Aún no era más que una honda exhalación, similar al suspiro que sale de un pecho oprimido. En unos instantes, todo el cielo se llenaría de clamores. Llegaban de muy lejos, de los confines del horizonte, sin prisa, se diría. Los que dormían soñaban con el mar que empuja ante sí sus olas y guijarros, con la tormenta que sacude el bosque en marzo, con un rebaño de bueyes que corre pesadamente haciendo temblar la tierra, hasta que al fin el sueño cedía y, abriendo apenas los ojos, murmuraban: «¿Es la alarma?»

Más nerviosas, más vivaces, las mujeres ya estaban en pie. Algunas, tras cerrar ventanas y postigos, volvían a acostarse. El día anterior, lunes 3 de junio, por primera vez desde el comienzo de la guerra habían caído bombas sobre París. Sin embargo, la gente seguía tranquila. Las noticias eran malas, pero no se las creían. Tampoco se habrían creído el anuncio de una victoria. «No entendemos nada», decían. Las madres vestían a los niños a la luz de una linterna, alzando en vilo los pesados y tibios cuerpecillos: «Ven, no tengas miedo, no llores.» Es la alerta. Se apagaban todas las lámparas, pero bajo aquel dorado y transparente cielo de junio se distinguían todas las calles, todas las casas. En cuanto al Sena, parecía concentrar todos los resplandores dispersos y reflejarlos centuplicados, como un espejo de muchas facetas. Las ventanas mal camufladas, los tejados que brillaban en la ligera penumbra, los herrajes de las puertas cuyas aristas relucían débilmente, algunos semáforos que, no se sabía por qué, tardaban más en apagarse… El Sena los captaba y los hacía cabrillear en sus aguas. Desde lo alto debía de parecer un río de leche. Guiaba a los aviones enemigos, opinaban algunos. Otros aseguraban que eso era imposible. En realidad no se sabía nada. «Yo me quedo en la cama -murmuraban voces somnolientas-, no tengo miedo.» «De todas maneras, basta con que nos toque una vez», respondía la gente sensata.

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Las crónicas del sochantre, Álvaro Cunqueiro

18 jul

Novela fantástica, humorística y más incorrecta a medida que se pasan páginas. Se desarrolla en Francia en el siglo XVIII, poco después de la Revolución de 1789. El protagonista es un músico que toca el bombardino en una orquesta. Un bombardino es un instrumento que está a medio camino entre una trompeta y un trombón. Su maestría con el bombardino es reconocida y por eso le contratan de vez en cuando para funciones particulares, en este caso concreto, para el funeral de un gran señor. Emprende camino en un carruaje al que se van sumando asistentes al entierro y el viaje al final se convierte en un periplo fantasmal por la región de Bretaña que dura tres años enteros al cabo de los cuales el sochantre regresa a su casa, entre agradecido y perplejo. Cunqueiro escribió esta novela en los años cincuenta, tiempo en que casi todos los escritores estaban centrados en escribir sobre lo cotidiano y en hacerlo desde su compromiso político, y el compromiso de Cunqueiro era otro y su opción fue una literatura de evasión que, con la perspectiva del tiempo, sobrevive como literatura que merece ser leída porque refresca mucho la cabeza. Empieza así:

Aterido se sentía el señor sochantre de Pontivy al levantarse tan temprano, y más todavía en un tiempo como aquel, vestido de cierzos de la Mancha, lluvias frías atlánticas y calladas y heladas nieblas del río Blavet, que impedían que el sol brillase en el mundo. Sin salir de la cama, muy surtida de mantas, calzaba las medias de lana de Vitré, bien teñidas de morado con palo de Sicilia; se ataba al cuello el babero planchado de almidón, arrojaba el gorro de dormir, se acomodaba el solideo, y aclarándose con el rapé matutito, saltaba del lecho estruendosamente, pateando el suelo, gritando en latín, estornudando, llamando a madame Clementina mientras se apretaba las cintas del calzón del delantal y abrochaba el chaleco de botonadura roja, y por si madame no le había oído, se ponía a repicar la campanilla como acólito de Pascua. Y entraba madame Clementina con sus rizadoras de boj puestas, palmeando como en el teatro porque el señor sochantre se había levantado temprano y tan valiente en aquella cruda mañana, y se arrodillaba para abrochar en la canilla los seis botoncitos de plata del calzón del sochantre, y mientras lo hacía, el sochantre apretaba las rizadoras de boj en la cabeza de madame Clementina, pues siempre se le antojaba que estaban algo flojas. Todas las mañanas se repetía esta fiesta.

El factor humano, John Carlin

25 oct

el_factor_humano_John CarlinUna historia y un libro emocionantes, en un sentido casi digestivo de la palabra. John Carlin es periodista y ha escrito una especie de crónica que se parece mucho a una novela histórica o un ensayo histórico, no sé cómo se clasificaría. Me recuerda un poco al tipo de libros de Ryszard Kapuscinski, lo metería en ese género, si tiene un buen nombre.

Carlin cuenta parte de la historia reciente de Sudáfrica, en torno a una persona y un deporte: Mandela y el rugby. No es que Mandela jugara al rugby ni que fuera aficionado. De hecho no le interesaba lo más mínimo hasta que comprendió que el rugby podría servir para que los negros demostraran a los blancos su disposición a perdonar el apartheid al que les habían sometido durante años. Una idea que parecía fuera de contexto, pero que resultó brillante. El que se ponga a leer este libro puede encontrar un paralelismo con Mandela: da igual que le guste o que entienda de rugby, porque el libro habla de otras cosas que implicó en ese momento el rugby.

Entre ellas habla de Mandela con admiración, de su capacidad política. Y habla con una claridad que me confunde de personas que hicieron o aceptaron cosas terribles durante el apartheid y que sin embargo llevaban dentro la semilla del bien y del cambio que ayudaron a materializar. Y habla de conceder para perdonar, una forma distinta de sentir orgullo y dignidad.

La historia empieza así:

“Se despertó, como siempre, a las 4:30 de la mañana; se levantó, se vistió, dobló su pijama e hizo su cama. Había sido un revolucionario toda su vida y ahora era presidente de un gran país, pero no había nada capaz de hacer que Nelson Mandela rompiera con los rituales establecidos durante sus ventitrés años de prisión.

Ni cuando estaba en casa de otra persona, ni cuando se alojaba en un hotel de lujo, ni siquiera cuando pasaba la noche en el palacio de Buckingham o la Casa Blanca. [...] Las personas encargadas de limpiarle la habitación en todo el mundo se quedaban siempre estupefactas al ver que el dignatario que les visitaba les había hecho la mitad del trabajo. Sobre todo, la señora a la que le tocó limpiar su suite del hotel en el que se alojó durante su visita a Shangai. Le trastornaron las individualistas costumbres de Mandela. Cuando los ayudantes de éste le contaron que la camarera se había quedado molesta, él la invitó a su habitación, le pidió disculpas y le explicó que hacer la cama era como limpiarse los dientes; era algo que no podía evitar hacer.”

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¿Ya está aquí el libro electrónico?

16 oct

Los dispositivos tecnológicos ya existen y están a la venta. Las plataformas de venta de libros online ya han aparecido y las editoriales más importantes se están moviendo para subirse a ese carro (Random House Mondadori, Planeta y Santillana, por ejemplo, se van a unir para crear una plataforma nueva). Google va a crear un servicio editorial Google Edition, que quiere ofrecer a partir de 2010 un catálogo amplísimo de libros digitalizados. Los libreros lo ven crudo, las editoriales están un poco perdidas, los lectores empezando a pensar si compensa gastarse 300 euros en comprarse el Kindle o el Sony Reader. Más información sobre toda esta historia en 30 letras por segundo.

¿Por qué el Nobel para Herta Müller?

9 oct

Herta Müller, rumana de origen alemán, 54 años, poco conocida en España, aclamada en Alemania.

Autora de En tierras bajas, relatos, Siruela 1990 y El hombre es un gran faisán del mundo, novela, Siruela 1992

Para saber más sobre su obra y por qué le han dado el Nobel, este artículo de 30 letras por segundo. Por no repetirme.

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El material humano, Rodrigo Rey Rosa

27 sep

portada_el_material_humano_medUna novela hecha a partir de los apuntes de una libreta. Es tan poca cosa que no comprendo todavía cómo puede seducir a un lector. Quizá la ficción de que estás espiando a un escritor real, no lo sé. Es la historia de Rodrigo Rey Rosa cuando decide investigar los archivos de la Policía Nacional de Guatemala. Esos documentos aparecieron en 2005 en un edificio perdido de la ciudad. Y allí fue. Esos archivos tienen el interés de que en Guatemala durante 36 años una serie de gobiernos militares mantuvieron con ayuda estadounidense el ejército y la policía más eficaces de Centroamérica en la lucha contra los insurgentes. Porque había insurgentes revolucionarios apoyados por Cuba y Rusia. Insurgentes indígenas en muchos casos y comunistas. Porque el país estaba en manos de unos pocos que reprimían mucho y liquidaban indígenas y sospechosos de disidencia como si fueran ratas. El resultado 250 000 personas muertas, 45 000 denuncias por desapariciones. Los gobiernos de esa época bajo sospecha por haber actuado con una crueldad innecesaria. Tres meses después de iniciar su investigación a Rodrigo Rey Rosa le retiran el permiso para acceder a los archivos. ¿Está removiendo algo que incomoda a alguien? Los apuntes de la investigación se paran, pero sigue rellenando una libreta con lo que le pasa. No tiene cosa mejor que hacer hasta que se le ocurra una novela. Esta, que se debe leer.

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El periodista deportivo, Richard Ford

22 jul

El periodista deportivoOtra novela que he leído hace relativamente poco tiempo y que no es novedad es El periodista deportivo. Obra de referencia de Richard Ford.

La he recordado ahora porque en alguna de sus páginas creo que el protagonista decía algo que te puede asaltar en cualquier momento: según él por lo general la vida pasa entre temporadas muy largas que no te planteas nada, momentos cruciales en que te replanteas todo y con una extraña perspectiva lúcida sobre ti mismo te das cuenta de qué cosas de tu vida tienes que cambiar para ser feliz y, de nuevo, largas temporadas en que no te planteas nada hasta que tienes otro momento crucial en que te das cuenta de que, una vez más, habías elegido el camino incorrecto.

Richard Bascombe es un periodista deportivo. Quería ser escritor pero no fue capaz y ahora le encanta su trabajo porque es el universo donde no pasa nada. Siempre es lo mismo, siempre es irrelevante y todo el mundo parece participar con entusiasmo de ese universo. Se puede vivir así en paz. A Richard la vida le ha pegado dos o tres golpes buenos: se ha divorciado pero, sobre todo, ha perdido un hijo cuando todavía era un renacuajo. Ante esto, se pasa mal pero la vida sigue. Creo recordar que en la contraportada había una cita (de un periodista deportivo) diciendo que la novela era un canto al optimismo, o algo así. Y reconozco que eso me sedujo más para leerla: ¿un personaje optimista? Si no es un gilipollas, es una novedad. Pero antes de aceptar esa opinión sobre el protagonista hay que contrastar lo que dice Bascombe de su propia vida con la sensación que transmite Bascombe cuando habla de su propia vida.

En mi opinión el tema es la satisfacción y la inconsistencia de la felicidad. Y el libro se le podría tirar a la cara a los defensores de los pequeños secretos y placeres de la vida. No digo más, aunque me apetece mucho, para no estropear del todo la lectura. Una opinión negativa que no comparto pero es interesante en el blog El lamento de Portnoy.

Se puede encontrar en la colección de Compactos de Anagrama pero he puesto la portada en inglés porque es más bonita.

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